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Tertulias Mágicas Canarias

San Juan Bosco

EL GRAN TAUMATURGO DEL SIGLO XIX


El día 16 de agosto de 1815, en una modesta casa de Becchi (Italia) y nacido de padres cristianísimos, Francisco Bosco y Margarita Occhiena, vino al mundo el que había de ser gran apóstol del siglo XIX y uno de los taumaturgos más imponentes de los tiempos modernos.

Juanito, creció siendo un niño travieso pero no rebelde, huérfano de padre desde los dos años, se crió como pastor de ganado simultáneamente que aprendía a leer y escribir con  un vecino de Capriglio, pueblo natal de Margarita, y en casa de su abuelo materno.

“Mama Margarita” vivió en absoluta pobreza y luchó para sacar adelante a sus tres hijos. Tuvo que pedir limosnas entre los vecinos para poder comprar libros y que sus hijos fueran al colegio. Esta pobreza hará a Juan Bosco enormemente comprensivo más tarde con los jóvenes pobres carentes de medios económicos para poder estudiar, y lo llevará a dedicar toda su vida a procurar facilidades de estudio para los niños más necesitados.

No tenemos noticias de cómo Juan Bosco aprendió magia de pequeño pero en sus primeros años de seminario ya la practicaba. Esta actividad, y por supuesto su carácter afable, le hizo muy popular.

Desde niño empezó a realizar juegos de prestidigitador. Todos rodeaban al muchacho deseosos de ver los prodigios que les anunciaba. Y todos veían aravillados sus juegos de manos, cómo el agua se transformaba en vino, la cebolla en un conejo. Pero lo que más admiraba el público era ver cómo el muchacho tenía un pollo decapitado encima de una alfombra, luego lo metía en una canasta y de repente salía el pollo vivo, que se ponía a saltar y a cantar. San Juan Bosco llegó incluso a ejercitarse con maestría a saltar como en los circos sobre un caballo lanzado a la carrera y ponerse de pie sobre el lomo.

Como mago poseía grandes cualidades de las que no presumió como mago. He recopilado de unas de sus biografías esta anécdota:  

“San Juan Bosco, siendo todavía estudiante, vivió durante cierto tiempo en casa de un sastre, que le enseñó a pegar botones y a cortar chaquetas y pantalones. San Juan Bosco, para divertir al sastre y a sus amigos, echaba mano de sus artes de prestidigitador. Cuando el sastre metía la mano en el bolsillo, encontraba su dinero convertido en rodajas de cartón. Se servía agua y al ir a beberla se la había convertido en vino. El sastre se reía unas veces y otras se enfadaba. Un día el sastre tenía preparado un banquete para celebrar su cumpleaños. Había invitado a varios amigos a comer. Como plato fuerte había pollo en gelatina. El sastre vigilaba a San Juan Bosco, temiendo le hiciera una jugarreta. Y cuando ya estaban todos en la mesa, el mismo sastre trajo el pollo en una fuente tapada. La depositó en la mesa y cuando destapó la fuente he aquí que saltó un gallo vivo y se puso a cantar. El sastre no pudo más. Creía que su aprendiz era brujo y lo denunció al Tribunal eclesiástico. Una mañana le llamó el arcipreste de la catedral para examinar a San Juan Bosco y comprobar si era o no hechicero. San Juan Bosco tuvo que esperar un rato para que terminara de rezar el arcipreste el breviario; luego entró un pobre, a quien el arcipreste socorrió con una limosna, y luego llamó a San Juan Bosco. El canónigo creía que San Juan Bosco era un bribón y empezó a interrogarle: "Me han dicho que tú adivinas los pensamientos, que haces ver lo blanco negro y aquí parece que anda por medio Satanás, ¿quién te ha enseñado esa ciencia?" San Juan Bosco le dice: "Concédame cinco minutos para contestarle". El canónigo le contestó: "Concedido".

Pero San Juan Bosco le dijo: "Dígame la hora exacta". El canónigo metió la mano en el bolsillo y el reloj no lo tenía. San Juan Bosco le indicó: "Si no tiene el reloj no importa, présteme una moneda de cinco sueldos". El canónigo volvió a meter la mano en el bolsillo y tampoco tenía el portamonedas . El canónigo montó en cólera y le dijo: "¡Granuja, me has robado la bolsa y el reloj" San Juan Bosco no perdió su calma y le dijo con una sonrisa: "Señor arcipreste, aquí no hay magia ni misterio, sino inteligencia y rapidez en las manos. Cuando yo entré, tenía usted encima de su mesa el reloj y la b olsa. Luego salió usted de su despacho, lo cual aproveché para esconder los dos objetos. Cuando reg resó usted, al no verlos, creyó usted que los tendría en el bolsillo". San Juan Bosco entonces se i ncorporó de la silla y se fue a un extremo del despacho, levantó una pantalla y aparecieron el relo j y la bolsa. El arcipreste se echó a reír del maravilloso juego de manos de aquel muchacho.”

 Entre sus cualidades más importantes está su interés por la salvación de la juventud. El entusiasmo de San Bosco por la juventud es más único que raro. Desde su infancia ejerce una influencia muy notoria entre sus compañeros. Niño que se hacía amigo de Juanito Bosco se hacía mejor. Y después durante los 47 años de su sacerdocio parece que no vive sino para la juventud. Se gana de tal manera el cariño de los jóvenes, que es difícil encontrar en toda la historia de la humanidad, después de Jesús, un educador que haya sido tan amado como Don Bosco. Los jóvenes llegaban hasta pelear unos contra otros afirmando cada uno que a él lo amaba el santo más que a los demás. En su trato era puro como un ángel, pero extraordinariamente afectuoso. Todos se daban cuenta de que su preocupación era salvar el alma de cada uno de sus discípulos, y para lograr esto estaba resuelto a cualquier sacrificio por grande que fuera.

Otra cualidad impresionante de Don Bosco fue su alegría. Los muchachos de la calle decían de él: "Ese es el Padre que siempre está alegre. El Padre de los cuentos bonitos y de la magia". Su sonrisa era de siempre. Nadie lo encontraba jamás de mal humor y nunca se le escuchaba una palabra dura o humillante. Hablar con él la primera vez era quedar ya de amigo suyo para toda la vida.

A los 20 años entra en el seminario, ordenándose sacerdote el 05 de Junio de 1841, dedicándose en plenitud a los más necesitados, fundó Congregaciones y una Orden Tercera (Cooperadores Salesianos).

Vivió una vida de mucho trabajo y muy agitada, su biografía es muy amplia y vale la pena leerla. Es nuestro Patrón, el patrón de los magos y de otras más cosas y actividades. Así fue su vida. Su santa muerte ocurre, más por agotamiento que por enfermedad, a las cinco menos cuarto de la mañana del 31 de enero de 1888.

San Juan Bosco fue el elegido como Patrono Celestial de las Asociaciones de Prestidigitadores e Ilusionistas de los países católicos, por medio de una ponencia aprobada por unanimidad durante el Congreso Nacional de Ilusionismo celebrado en la ciudad española de Segovia. (1953)